agosto 15, 2007

FW:

>From: paula eleno <paulaeleno@hotmail.com>
>To: <adrianaeleno@hotmail.com>, Eliana Graff
><avigailelu@hotmail.com>,Florencia Mora <florencia_mora80@hotmail.com>,
>Gerardo Saldain<gerasaldain@hotmail.com>, Gisela Cepeda <gic9@hotmail.com>,
>Ileana Soulier<ileanasoulier@hotmail.com>, Karina Gorosito
><karigorosito@hotmail.com>,Lidia Sierra <li_sierra@hotmail.com>, Luciana
>Celeiro<lucianaceleiro@hotmail.com>, "M. Paula
>Aguerre"<aguerremariapaula@yahoo.com>, Mariana Moura
><moura_mariana@hotmail.com>,<marianadesancio@hotmail.com>,
><martaeleno@hotmail.com>,<niki_elpaisa@hotmail.com>, Romi
><minebri97@hotmail.com>, Sergio<sergiostraje@yahoo.com.ar>,
><valefuhr_20@hotmail.com>, Valeria Hoffmann<valehoffmann16@hotmail.com>
>Date: Wed, 15 Aug 2007 01:31:01 +0000
>
>
>URGENTISIMOOOOOOOOOOOO !!!> POR FAVOR, HAZ CIRCULAR ESTE AVISO A TUS
>AMISTADES, FAMILIA, CONTACTOS !!!> En los próximos días, debes estar
>atent@: No abras ningún mensaje con un > archivo anexo llamado: Invitación
>,> independientemente de quien te lo envíe. Es un virus que abre una >
>antorcha olímpica que quema todo el disco duro C de la computadora. Este >
>virus vendrá de una persona conocida que te > tenia en su lista de
>direcciones. Es por eso que debes enviar este mensaje > a todos tus
>contactos.> Es preferible recibir 25 veces este correo que recibir el virus
>y abrirlo. > Si recibes el mensaje llamado: Invitación, aunque sea enviado
>por un > amigo, no lo abras y apaga tu maquina inmediatamente. Es el peor
>virus > anunciado por CNN. Un nuevo virus ha sido descubierto recientemente
>que > ha sido clasificado por Microsoft como el virus mas destructivo que
>haya > existido . Este virus fue descubierto ayer por la tarde por Mc Afee.
>Y no > hay arreglo aun para esta clase de virus. Este virus destruye
>simplemente > el Sector Zero del Disco Duro, donde la información vital de
>su función es > guardada.> ENVIA ESTE E-MAIL A QUIENES CONOZCAS. COPIA ESTE
>CORREO A UNO NUEVO Y > MANDALO A TODOS TUS AMIGOS.> RECUERDA:> SI LO ENVIAS
>A ELLOS, NOS BENEFICIAS A TODOS.> Mail. Windows Live Mail.
>_________________________________________________________________
>Exprésate - diseña tu página de inicio de Live.com como más te guste.
>http://www.live.com/getstarted

_________________________________________________________________
Sé uno de los primeros a testar el Windows Live Messenger beta.

http://imagine-msn.com/minisites/messenger/default.aspx?locale=es-ar

junio 27, 2006

El espasmo, la angustia, el canto de un gallo.


Por Santiago Fridatos


Me levanté y me quedé quieto. Estoy quieto y creo haber abandonado la cama, pero sigo acostado. Voy a caminar por la casa para ver si me despierto. Siempre me costó despabilar. Entonces me levanto, busco abajo de la cama las zapatillas y me levanto, pero no me acuerdo dónde las dejé. Creo que en baño. Tendré que ir a buscarlas para levantarme. Pero no estoy muy seguro si están ahí. Mejor prendo la luz para no dormirme. Imagino la hora en la que me desperté, pensar que nunca voy a tener esa certeza. ¿Serán las dos?
La luz no enciende. Igual ya no tengo sueño. Y no siento los pies. ¿Dónde están las zapatillas? Hay que concentrarse, es como una canción. Puede que la distracción no deje, pero si se lo deja al impulso… Hay que ver la hora cuando arranca la heladera y estar atento cuando corte. Si se logra mirar la hora en esos puntos y sacar el tiempo que dura, es como una canción.
El talco debe estar en el baño. Tendría que tener dos talcos, uno en el baño y otro en la mesita de luz. Primero tengo que ubicar las zapatillas y acordarme si les puse. No hay otra solución que la de acordarse. Si se investiga, viene la duda y el entalque para asegurar, y el asco (del fracaso deductivo). Verificar la limpieza del guardapolvo sería lo mismo. Tendría que vestirme sin prender la luz, ubicar la puerta…Es raro, no veo las ventanitas naranja del frente.
Sorprendente la heladera. Comienza la vuelta de función y me arranca como adentro del pecho. No así cuando ese ruido repentino cubre por encima el de los gallos. Por separado estos sonidos nocturnos dejan a la vigilia con un agrio en la boca, además de la cantidad de almohadones para regular la posición del cuello que se histeriza en sus posibilidades, siendo lo adecuado la causa y no la herramienta. Osea que los polos del imán ( digamos negativo-afuera-gallos y positivo-adentro heladera, que separados alternan –y parece a propósito- con gran sincronismo que creo directamente proporcional a la indecisa, incómoda y hasta desesperada posición de reposo, martes, 3:20 a.m.) deberían normalizarse en el conocido artefacto, o prepararme para el concierto contemporáneo analógico, muy comun y notorio en los días hábiles.
Creo haber cambiado el jabón de lugar (el más grande en la ducha, que se gasta más rápido). Si me baño día por medio (síntoma de que me lavo muy poco las manos, porque inversamente proporcional el cuerpo a las manos, que son como otra persona) es normal lo del jabón. Lo que no escuché mas es a la laucha. Seguro que está invernando, envidio. El ruido es otro día que cambia como en un segundo preparado para un preciso y desconocido momento. ¿Hoy barrí? Entonces puedo ir por toda la casa descalzo buscando las zapatillas. No, no me acuerdo si barrí. Y el reloj no suena. Ahora mi viejo y mi hermano tomando mate acá, al lado mío. Y Esteban que toca como lógicamente iban a tocar, y atiendo, y Esteban que me trae la leña pero me muestra que hay otra entrada a mi casa y una carreta estacionada con un montón de leña, y un cordero crudo, una casa quinta y unas ventanitas naranja. Dejo el cuerpo y entro de manera flexible, pero salgo lo mismo, y la orilla es aguda y vuelta el castigo de la ola rompiendo en lo más cerca de la arena. El silencio y la instantánea sospecha en el tiempo, en el brote. En el rápido momento del despliegue el tierno par de hojas nuevas. El espasmo, la angustia, el canto de un gallo. El silencio y la certeza: canta un gallo, el mismo, no importa, y seguro otro. Y falta poco: una espalda quejándose, resonando los pómulos, resolviéndose el cuerpo en un capricho hacia el centro, exigiendo limpieza, volviendo al cordón, a ser nuevamente el extremo tirante de la tripa que tiembla cuando la atraviesa un canto de gallo. Y falta menos: paredes de almohadas que lloran lo inevitable, pies que hierven, saliva que no cae, no mancha, no toca las sábanas secas, y no falta nada, un clavo largo, la cabeza, negro y rojo el despertador, y las seis.

Madelain


por Ileana Soulier Salvatierra

Ella es como el trueno pero no puede volar.
Feliz gaviota sería,
Fuerte como las olas altas del mar.
Pero es su sueno,
Que parece irreversible,
El que rebota en la cancha y vuelve
Pegándole de lleno en la cara.

Período de la reflexión aguda


por Ileana Soulier Salvatierra



Dígase gravedad o gravitencia,
la pregunta sigue siendo la misma:
¿ estoy gravitando este círculo acomodativo
que da piso a mi consistencia ?
Tal vez,
pero todos aquellos a los que se les ha dado
una muerte temprana de bloques yuxtapuestos de frivolidad en caja,
me conocen demasiado
como para dejarme acomodar en el lugar que yo quiera

Tangato y perla para el Flaco


de Gabriela Piccini

Al Flaco Spinetta

Un gato duerme
(perla negra perla)
sobre el viento.

La sed, Flaco,
está al final de la pared,
ni risa ni corteza,
la medalla es vieja
porque el amor no alcanza.

Herrero de piel rota
del buen olor metal y fuego:
no desafina un árbol muerto
sobre un fondo de heridamor
y guerra.

Cuerda de un cello
que el gato lame en sombras:
me verás lluvia
pero no podré lavar el duelo
ni salvar entre las hojas
la vida que se ensucia
como un trapo.

Atrás de una ventana
una tipa furiosa
tira los restos de su sueño al suelo
y en el arrebato se le escorian los pies.

Nada dice
el cuadrado de cielo
que se va porque el dolor
quebró el ala de los Hombres
a golpes de luz de estrella absurda


Pero si creo en el verbo del aire
florece lo que es cierto
el patio blanco de papel
la miel que roja en los membrillos tibios
y una perla que despierta
(barro tal vez)
sobre el viento.

abril 08, 2006

guillermo boido, roberto juarroz

ROBERTO JUARROZ - Poesía y Creación
Diálogos con Guillermo Boido
(Fragmentos)
Ediciones Carlos Lohlé
Buenos Aires, 1980
Quizá podamos iniciar esta conversación rescatando algunos rasgos fundamentales de lo que llamamos poesía moderna, desde la perspectiva de su óptica personal. En primer lugar: ¿es posible definir la poesía?

Hay en la tradición del budismo Zen una anécdota, atribuida a Basho, con la que tal vez pueda contestar su pregunta. He estado explicando Zen toda mi vida, confesó una vez Basho, y, sin embargo, nunca he podido comprenderlo. Pero, dijo su interlocutor, ¿cómo puede usted explicar algo que no entiende? Oh, exclamó Basho, ¿también tengo que explicarle eso? Definir la poesía es una imposibilidad, una utopía, algo que no puede hacerse. Yo preguntaría: ¿se puede definir la vida? ¿Se puede definir la muerte, la música, el amor? Sueño de una definición. Quizás esto le hizo decir a Novalis que la crítica de la poesía es un absurdo. No en vano, en el siglo XVIII el padre Feijóo, al referirse a la poesía, hablaba de ese no sé qué. Y no hace mucho Pedro Salinas decía: Todo comentario a una poesía se refiere a elementos circundantes a ella: estilo, lenguaje, sentimientos, aspiraciones, pero no a la poesía misma. La poesía es una aventura hacia lo absoluto. Es decir: la explicación de lo que no se comprende —en este caso, la poesía— sólo es posible por un único camino, la creación. La creación sólo es explicable por la creación, así como el amor sólo es explicable o comprensible o ubicable por el amor. Basho vivía el Zen, lo creaba diariamente, se creaba en esa dimensión del espíritu en busca de lo absoluto. Y hay algo que los textos no señalan, pero que nosotros sabemos: Basho era, también, uno de los más grandes poetas de su tiempo. La única manera de recibir una creación, escribí alguna vez, es crearla de nuevo. Tal vez, crearse con ella.

De su poesía parece desprenderse algo así como una tesis acerca de la inhumanidad de la condición humana, porque en todo hombre hay un costado que se abre hacia el abismo. Quizás el sentido de ella esté dado por aquella sentencia de Porchia: No descubras, que puede no haber nada y nada no se vuelve a cubrir. Se diría que su obra. por el contrario, manifiesta una constante obsesión por esa necesidad de descubrir.

Algunos de los términos que ha empleado usted no me conforman suficientemente. En primer lugar, lo de una tesis más o menos permanente. Yo no creo tener tesis. Tampoco me gusta la palabra obsesión. Diría mejor preocupación. Es lo que en la vida interior, en esta visión y experiencia del mundo, uno va encontrando como lo más irreductible del hombre, aquello que de ninguna manera puede disimularse o esquivarse. Es probable que sean cuatro o cinco cosas, nada más, pero esas pocas cosas. con respuesta o sin ella, con explicación o sin explicación, con sentido o sin sentido, deben definir la vida. Es un problema, si se quiere, ético. Un problema de vitalidad. Alguien dijo que rechazaba la mentira porque era una falta de vitalidad. La vitalidad es tomarlo todo como es. ¿Cómo es la condición humana? ¿Cómo es la vida del hombre? ¿Cómo es esta cosa inexplicable de nacer, durar un instante y morir? Entonces, si así es, ¿cómo puede el hombre hacer que estas cosas no definan todo lo que él es, todo lo que él hace, todo lo que él vive? únicamente mintiéndose, escapándose, ocultándose la realidad. Y allí hay otra palabra que tampoco me conforma: inhumanidad. ¿Qué es lo humano, qué es lo inhumano? Por supuesto que es inhumana la falta de respeto al ser humano, pero yo no hablo en ese sentido. ¿Qué es lo inhumano con respecto a los últimos planteos de las últimas cosas? ¿Es inhumano sentir en un momento dado que acabamos en el vacío? ¿O que el vacío es la presencia más constante? ¿O que el vacío no tiene presencia? Para mí, no. Para mí es lo más humano, pero entendámonos: lo humano con las máscaras caídas, lo humano en la desnudez, no en el disfraz y el convencionalismo. Claro que cuando uno se plantea estos aspectos, cuando quiere entenderlos, cuando habla de ellos, puede parecer frío o cruel. A Porchia, como se sabe, lo han acusado de crueldad.

También a usted.

Así es. Pero, en último término, su pregunta estaba referida al vacío, al abismo. Claro, las cosas, y nosotros con ellas, no tienen sostén. Los seres humanos no tenemos sostén. Todos los aparatos y los sistemas son disimulos transitorios. El hecho radical es que de pronto nos encontramos existiendo, nos parece que hay otros existiendo con nosotros, que hubo otros antes, y sabemos que vamos a dejar de existir en brevísimo plazo. No nos conforman las explicaciones, ni los cuerpos de ideas, ni las doctrinas, ni los dogmas que pretenden darle a todo esto una coherencia y una significación. Entiendo que el primer requisito es situar al hombre en su absoluto despojamiento. Y es allí donde aparece lo que podríamos llamar el milagro. Porque, ¿qué sentido tiene que en esta situación el hombre cree algunas formas que aparentemente también se van a deshacer?

Ésa parece ser la pregunta fundamental.

Es claro, porque todo esto es, me parece, un quehacer en el abismo. Y se vincula con otra cosa, que es el sentido de los límites Vivimos entre límites y, sin embargo, en lo más entrañable, uno siente que no hay límites. Pues lo ilimitado no sostiene a nadie: sólo los límites sostienen. Pero, ¿cómo es posible entonces que esa especie de esencial reconocimiento y aun búsqueda o vocación por lo que no tiene límites no tenga un sentido? No quiero plantear esto discursivamente, porque todo planteo discursivo es aquí absolutamente incompleto y pobre. De esto solamente pueden darse algunos destellos por medio de esa transposición que es la poesía, por ese constante cambio de niveles y de dimensión que es la poesía. Y voy a esto: yo siento que a través de la poesía esa búsqueda cobra vida, calidez, que todo esto no es frío, no es inhumano, no es cálculo más o menos inteligente, sino que es la angustia esencial del ser humano, así, estremecida. Pero, una cosa es este estremecimiento y otra es la incontención, el sentimentalismo, la verborragia fácil y desahogante, pero nada más.

La Poesía y el Poeta

Es posible que ciertos episodios o experiencias particulares de su vida nos permitan indagar desde otra perspectiva el sentido de la poesía y, en especial, el dé, la que usted ha escrito. No es mucho lo que se conoce de su biografía. ¿Acaso ha querido ocultar al poeta detrás de la poesía?

Cada vez que me interrogan sobre circunstancias concretas de mi vida me siento un poco desconcertado. No me parece importante para los demás mi biografía, aunque pueda serlo o no para mí. Por eso nunca me he preocupado por transmitir datos o hechos acerca de mi historia personal. Ha de haber otras razones, y esto no es pura paradoja: vivo mucho más hacia el presente o hacia el futuro que hacia el pasado. Es más: alguna vez he creído que el olvido, en mí, era una especie de salud del espíritu. Yo no puedo vivir pendiente de experiencias del pasado y lo cierto es que no recuerdo demasiados detalles, aunque desde luego siempre perduran ciertos destellos o relámpagos en la memoria. Tal vez éstos alimenten también a la poesía, pues todo la alimenta, pero creo que aquello que en lo esencial la nutre es más profundo, más secreto, más indecible. Por otra parte, siento que las indagaciones sobre mí vida constituyen una interferencia innecesaria. La poesía no se explica por circunstancias exteriores, aunque éstas puedan satisfacer más o menos la curiosidad o el exhibicionismo de ciertas personas. Mucho más que las vinculaciones entre poesía y biografía interesa la relación entre la poesía y la vida interior. Más allá de la biografía, la biología, la psicología y la historia, habría que cultivar un saber de la profundidad y el abismo humanos, no con la pretensión de explicar totalmente al hombre, sino con la humilde ambición de comprender un poco mejor sus fundamentos, su hondura, sus alcances, sus misterios de fondo. Creo que entonces terminaríamos por comprender que toda vida, si se la vive en profundidad, puede desembocar en la poesía.
Pero al menos podrá referir algunas experiencias claves, en especial las que sirvan para aproximarnos al nacimiento de su quehacer poético. Cuando usted publicó su primer libro tenía treinta y tres años. ¿Qué hubo antes?
Tal vez podría mencionarle algunas cosas que recuerdo más. En los años anteriores a aquel en que publiqué mi primer libro, yo había vivido, digamos por inclinación, por estructura vital, un alto grado de soledad. De soledad positiva, de reconcentración en aquello que a mí me seducía en cuanto a poesía, a creación, a arte, a meditación y contemplación. Quizá ello aclare algunas cosas. Sospecho que sin una contemplación lo más profunda posible de la poesía que se ha hecho, de la poesía anterior, es muy difícil atreverse a escribir una línea y pretender que esa línea tenga alguna validez. Otra cosa muy distinta es escribir por simple desahogo o por la sospecha de que escribir es importante y puede reportar alguna forma no muy habitual de consideración o prestigio. ¿Qué otro detalle puede ser significativo en esa prehistoria? Bueno, tal vez que pasé mi primera infancia lejos de la ciudad, y seguramente esa circunstancia me habrá enseñado a ver mejor los seres y las cosas. Y algo más: la dimensión religiosa que acompañó a mi niñez y que de algún modo debe haberme marcado, aunque luego me apartara de sus aspectos exteriores.

¿Cómo caracterizaría la actividad del poeta? ¿Un oficio? ¿Un destino?

He creído siempre que la poesía no es un oficio o una profesión, sino una forma de vida. ¿Un destino? Sí, es un destino. No sé si es pretencioso decir que uno asume un destino, pero supongo que hay formas conscientes e inconscientes de elección y asunción de eso que llamamos un destino. ¿Qué es un destino? Supongo que debe ser una necesidad, la necesidad profunda de vivir de determinada manera y no de otra, de hacer esto y no aquello, de sentir que cuando uno no hace lo que está dentro de esa concepción de la vida o de lo que debe ser la propia vida, está afuera de lo que es de uno. No entiendo, por supuesto, el destino como una especie de predeterminación, sino más bien de una determinación, pero de una determinación que debe ser asumible, que de alguna manera admite la libertad de decisión. Recuerdo aquel pensamiento de Demócrito de que todas las cosas están hechas de azar y necesidad. Es decir: de algo imprevisible, aparentemente casual, y al mismo tiempo imprescindible y determinado. Pero yo pienso que, cuando hablamos de destino en relación con la poesía y la creación, es preciso agregar ese otro elemento fundamentalmente humano que es la libertad. La poesía es destino o no es. Pero es destino si el destino comprende azar, necesidad y también libertad, lo cual es señalar de alguna manera que no hay destino en la poesía sin creación. Habría que preguntarse por qué, entonces, uno elige ser poeta, elige eso que se le ha demostrado que es algo grave, como modo de vida. ¿Uno elige ser poeta? Es duro decir que sí. Hay algo que viene de atrás aunque no sea una predeterminación absoluta, que de alguna manera lo prepara o lo decide. ¿Qué sería esa preparación? No lo sé, nunca he estado convencido de las cosas que explican los psicólogos, los psicoanalistas, de que las primeras experiencias de la vida deciden la vida. por ejemplo. No sé cómo juega aquí la herencia, no sé cómo juegan las experiencias infantiles, cómo juega el hecho de haber estado más o menos solo, cómo juega lo temperamental, si se es más bien retraído o expansivo. Pero supongo que sí, que un complejo de esas cosas o condiciones deben colaborar previamente a esa especie de elección de eso que parece un destino. (La Poesía y El Poeta)

¿Por qué la poesía?

Yo no he podido nunca separar bien lo que es expresión de lo que es comunicación. Cuando leo esos análisis por donde rondan la ensayística, la filosofía o la crítica literaria, que manejan estos lugares ya demasiado comunes, no entiendo bien cómo puede separarse el hecho de la identidad del hecho de la comunidad o integración con una unidad superior. Yo sé, creo saber, que solo no soy nada, que aislado de todo lo que constituye lo que entiendo por realidad no existo. Esto me parece evidente. Nada existe solo. Pero yo no puedo separar eso del hecho de lo que soy dentro de esa totalidad, o sea, mi identidad. Encontré no hace mucho, en un trabajo bastante conmovedor, la idea de que gran parte de la perturbación y la violencia tremenda del momento que vivimos se debe a una crisis del sentimiento de identidad, ya que la gente no puede reconocerse como lo que es o lo que podría ser, no puede reconocerse como parte de una totalidad. Supongo que en algunos momentos de la historia debe haber existido ese sentimiento más que ahora, porque en la actualidad hay una serie de condiciones o de interferencias que lo perturban muy especialmente. Entre las interferencias posibles —hay miles— está la lucha infernal por el éxito, el dinero, el poder y, además, ese factor disolvente de la caridad humana que es la comunicación masiva, a través de los medios que nos abruman cotidianamente.

La soledad sería un deseo, en el fondo, de identidad. Pero entonces, ¿por qué optar por la palabra y no por el silencio?

Voy a eso. Porque el sentimiento de formar parte de algo mayor que uno es el sentimiento de formar parte de la humanidad, de integrar con otros seres, en la misma situación y el mismo destino, una aventura común. Y la comunicación con esos seres se da, básicamente, a través de la palabra.

Es decir, usted siente que allí la palabra no fracasa.

Exactamente. La poesía es uno de esos pocos lugares donde la palabra no fracasa. O donde, al menos, puede no fracasar.

¿Hay otros lugares?

Yo diría que hay solamente otros dos: el amor y la amistad.

¿Por qué?

Porque también allí la palabra es celebración y coincidencia.

En algunos poemas suyos hay reminiscencias de aquella experiencia religiosa que parece ser una clave importante para comprender su obra. Por ejemplo, cierta afirmación de fe en la necesidad de la vida. Y también el rescate de un sentido religioso de la vida que trasciende lo puramente formal o externo. ¿Es así?

Creo en la vida. Dicho así parece muy general, pero no lo es. Amo entrañablemente la vida, y siento que es tan rica y tan formidable, aunque sea un instante y no tenga explicación, que tengo que afirmarla. No por obligación: la tengo que afirmar porque estoy vivo. Ahora esa fe en la vida involucra algo más, que sí me ha perturbado, me ha preocupado buenamente. Además, ¿qué es un hombre sin preocupación? No es nada. Voy a esto: es formidable la fe que no tiene un objeto determinado, algo así como la fe en la fe. En algún poema lo he dicho. Yo siento en este momento que la fe, aunque no sepa en qué, es la clave del hombre, la clave de estar vivos. Por otra parte, no he perdido el sentido de lo religioso, sino que lo mantengo intacto, creo que fortificado. Lo que he perdido son los nombres. Lo que he perdido es cualquier sistematización de lo religioso. Le diría más: he perdido ciertas confortables esperanzas o compensaciones que da lo religioso. Pero a mi ver lo religioso no es eso, sino algo que ya he mencionado reiteradamente: el sentir que uno forma parte de un todo. Quisiera agregar que la poesía, para mí, ya no es salvación ni condena en aquel sentido tradicional, sino simplemente destino. Y esto lo he puesto en un poema: El cielo ya no es una esperanza, / sino tan sólo una expectativa. / El infierno ya no es una condena, / sino tan sólo un vacío. // El hombre ya no se salva ni se pierde: tan sólo a veces canta en el camino.
Poesía y Literatura

Me gustaría que mencionase algunos poetas contemporáneos que hayan sido particularmente importantes para usted.

Siempre hay ciertos poetas que uno quiere, que alimentan más que otros. Me asusta un poco lo de contemporáneo, porque no entiendo bien si lo contemporáneo es lo que histórica o cronológicamente todavía no ha muerto o aquello que a mí me parece que está vivo. Podría sentir como contemporáneos a muchos poetas que han muerto y a quienes admiro, como Rilke o Porchia. Más que dar nombres, prefiero pensar en la influencia de toda la literatura sobre toda la literatura o de toda la poesía sobre toda la poesía. Me interesa especialmente aquella idea de Eliot referente a que toda obra nueva mueve a todas las demás, pasadas, presentes y futuras. Y señalaría además algo que me resulta significativo en este momento, que creo reconocer, y es que hay una especie de contracorriente que se está generando en muchas partes del mundo en cuanto a una búsqueda de la esencialidad de lo poético, a un nuevo ahondamiento, más allá de mucha demagogia poética que tuvo bastante éxito no hace mucho. Es como si ciertas dificultades, ciertos problemas muy serios que se han agravado en el mundo en estos años, hubieran vuelto a convocar un nuevo entrañamiento de la poesía, en busca de algo así como el fuego interior, aquello que el hombre puede conservar, aquello que puede hacerlo vivir aunque carezca de todo lo demás. Tal vez esté ahí la clave de ese retorno a las fuentes.

Usted ha escrito, a propósito de Porchia, que lo lleva consigo "por reconocimiento, por elección y por destino". ¿Cree que al menos parte de su obra se ha cumplido a partir de ciertas propuestas de Porchia? ¿O esa influencia se ha limitado al plano de su relación personal con él?

Conozco bastante el caso de Porchia, por todos los lazos que me unieron a él y que me seguirán uniendo, por supuesto. Me parece que lo que me ha unido a Porchia es sentir que nos movíamos en una misma dimensión en cuanto a búsqueda de la realidad última. Quiero mucho su obra. Sin embargo, no creo que las líneas, las formas de configuración expresiva, los modos del lenguaje seguidos por Porchia y buscados por mí sean análogos. Diría que hemos andado por caminos asociados pero no similares. Lo que importa en Porchia es su actitud ante lo real, actitud que comparto. Es decir, yo he encontrado en Porchia y en su poesía un alto grado de excelencia, eso que desde siempre he creído que era la sabiduría. Pero esto es una especie de correspondencia espiritual, aunque no necesariamente formal, si bien en la obra de ambos puedan revelarse afinidades. Además, él mismo me decía algo parecido. ¿Cuáles son las diferencias? Es fácil darse cuenta de que en Porchia no hay una adhesión demasiado intensa o evidente a la imagen poética. El lenguaje de Porchia es más directo, más despojado, con aspectos admirables, como la función decisiva que cobra en su expresión el uso de las reiteraciones.

Y la antítesis.

Bueno, yo diría que en ese aspecto sí estamos asociados. Y también en el uso de categorías absolutas. Pero en muchos otros elementos que podrían atestiguar un lenguaje poético, me parece que no somos demasiado semejantes. (Poesía y Literatura)

Es verdad, pero la pregunta apuntaba a explicitar lo que podríamos llamar la gravitación personal, la fermentalidad de Porchia.

Es que él era un ser humano sencillamente admirable. Y su obra es ejemplar en cuanto a entrega al reconocimiento del ser, al reconocimiento de la realidad. Es muy difícil encontrar otro escritor en donde eso aparezca as¡ como algo material, como algo que uno puede palpar, tocar, que tiene peso. La obra de Antonio Porchia me vino a confirmar en la búsqueda de eso que he llamado lo vertical. Me ayudó además a aprender cómo una vida puede conjugarse con una actitud interior. Por otro lado, algo que me parece muy importante: no perder de vista la escala total de la realidad que le es dado percibir al hombre. Creo que la mayor parte de los hombres carecen de realidad, se conforman con una zona mínima de la realidad. Por eso, aunque crean vivir en las circunstancias más concretas viven en la abstracción. La pérdida de vista de la situación integral del ser humano en la escala total de las cosas es lo más opuesto posible a lo que llamaríamos superficialmente realismo. En Porchia, en cambio, era al revés. Para él la realidad era desde ir a buscar las verduras al mercado o trabajar en su jardín o tomar con unos amigos un vaso de vino con un poco de queso y salame, hasta plantear las últimas instancias de lo posible y lo imposible, de lo real y lo irreal. Yo siento que la vida del hombre tendría que ser así, no la cosa ínfima, minúscula, de quien se conforma solamente con lo que está al alcance de sus manos. Por eso digo que con Porchia hubo básicamente un aprender a "escarbar" en la misma zona, un aprender de él esa actitud del hombre que no se conforma con lo aparente y, sin embargo, mantiene un grado de humanidad, de compasión, de comprensión hacia los demás seres humanos como he encontrado muy pocas veces. ¿Cómo alcanzar eso? Ahí está la pregunta. ¿Eso es la poesía? Sí, si se le agregan las palabras para decirlo.

Tal vez muchas de estas reflexiones al borde de la obra de Porchia sean perfectamente aplicables a su propia obra y a su concepción de la poesía.

Esa conclusión corre por su cuenta. Pero yo le preguntaría si es posible hablar de cualquier cosa que amemos sin hablar de nosotros mismos.

Es notoria su actitud a negarse a ser promocionado e inclusive a ser objeto de una nota periodística. ¿A qué se debe?

Siempre me ha parecido mejor, y hasta beneficioso para la higiene del espíritu, no confundir los ámbitos de la poesía, la vida cultural, la política cultural y aun la literatura en general. La poesía nace y se inserta en el silencio que no pasa. Por ello, y muy especialmente, he desconfiado de la dimensión que suelo llamar "socioliteraria", o sea ese juego de intereses, de motivaciones, de apetencia de éxito, de búsqueda de reacciones, que suele preocupar a los escritores y a los poetas. Se me ocurre que en cualquier tipo de búsqueda profunda hay una responsabilidad mucho más grave en cuanto a no caer en los mecanismos habituales de promoción o autoexaltación. Creo que el entrar en todo ese aparato perturba casi inevitablemente el recogimiento, la concentración y el trabajo de fondo. Mi objetivo no es el éxito ni lo ha sido nunca. Esto mucha gente no lo comprende. Mi objetivo es sentir que estoy viviendo lo que creo que debo vivir. El ojo público, la promoción me parecen cosas insustanciales y peligrosas. Me interesa mucho más un diálogo profundo con alguien que aparecer en una nota. ¿Eso significa desdeñar la opinión de los demás? No. Significa saber que todo eso es aleatorio, es secundario, que todo eso no puede ni debe afectarme en lo que yo me propongo. Además hay otra cosa: creo que una de las pruebas más duras que se le presentan a veces al poeta, al artista, es la aceptación de su marginalidad. La sociedad actual está hecha para que luzcan las "estrellas", para que se promuevan las motivaciones del día. Hasta podría ser una cuestión de ritmo: los ritmos aparentes, hijos de los intereses momentáneos, de las seducciones comunitarias o circunstanciales, no hacen juego con lo que uno es. Ya dijimos que los medios masivos implican una falta de caridad humana. Y aparte del aspecto comercial, ofrecen esencialmente espectáculo, algo que la poesía no es. Por otra parte, también puede ser un asunto temperamental. A mí me sucede que, así como aprecio el diálogo porque me enriquece, al mismo tiempo me empobrece la presencia de mucha gente. Necesito silencio. Por otro lado, desconfío extremadamente de tratar de publicitar las búsquedas profundas con los mismos recursos, con los mismos instrumentos con que se hace la propaganda de los artículos de consumo. Debo confesar que he tenido mucha suerte. Jamás pedí que me publicaran un libro. No he solicitado nunca una nota, un artículo. He tenido mucha suerte porque, sin provocarlo y sin pedirlo, en estos últimos años sobre todo, han aparecido las ediciones y los comentarios. O sea que hoy, más convencido que nunca, creo que el acto de fe inicial debe mantenerse en su totalidad. Eso no significa de ninguna manera negarse a quien de un modo o de otro parece haber comprendido esa búsqueda y quiere hablar conmigo. Por otra parte, también así puede darse un modo de llegar imprevisiblemente a otra gente, o sea, de comunicarse con ella. Pero una cosa es que eso suceda con naturalidad o por buena fortuna, y otra muy distinta es dedicarse a buscarlo.

¿No cree que muchos escritores, ganados por la seducción de la vida socioliteraria, han sufrido una especie de atrofia que limita sus posibilidades de seguir creando?

Entre las múltiples asechanzas que amenazan al escritor y muy especialmente al poeta tendríamos que señalar la que hace primar las relaciones exteriores de la literatura sobre las relaciones interiores. Y así como hablamos de enfermedades hepáticas o cardiovasculares, bien podríamos hablar aquí de una enfermedad literaria. ¿Qué entendemos por ello? La obsesiva preocupación, no por lo que es la literatura, sino por lo que se está haciendo en relación con ella. Es la obsesión por la noticia literaria, la preocupación por lo que se dice de lo que se escribe. Desde luego, quien esté enfermo de literatura verá amenazada su posibilidad de crear, y aun puede quedar totalmente inválido para la creación. Esto me evoca algo que ha señalado Jaspers, cuando habla de dos dimensiones inauténticas en cuanto a las relaciones humanas: la curiosidad y la charla. Por supuesto, no se refiere a la curiosidad como ese impulso que nos lleva a indagar lo desconocido y que está en el origen de la ciencia, el arte o la filosofía. Jaspers menciona a la curiosidad y a la charla como formas de preocupación por lo que se dice del ser más que por lo que el ser es. Algo parecido podríamos señalar con respecto a la literatura. Hay un estado del escritor en el cual la ansiedad por lo que ocurre con lo que ha escrito se transforma en algo patológico. Y muy vinculado con esto tendríamos otra calamidad: la paraliteratura. La paraliteratura admite muchas modalidades, pero todas ellas consisten en vivir en la periferia de la literatura y no en el centro, por incapacidad, indecisión, limitación y muchas otras razones posibles. Es una forma de parasitismo que consiste en vivir de dar vueltas alrededor de la literatura. No vamos a enumerar aquí una serie de profesiones que están centradas en la paraliteratura y que en buena medida se caracterizarían por vivir de la literatura: no en ella ni con ella, sino de ella. Creo que la enfermedad literaria y la paraliteratura admiten un origen común, y por eso no es extraño que, cuando el paraliterato se convierte en escritor, enferme de literatura. Y viceversa, que el escritor enfermo de literatura, por impotencia, se convierta en paraliterato. Aprecio en especial a los creadores que saben mantenerse al margen de la enfermedad literaria, la paraliteratura y la vida socioliteraria. No me parece casual que aquellos poetas argentinos a quienes mencionábamos a propósito de la atención que han sabido despertar me refiero a Porchia, a Orozco, a Molina, entre otros formen parte también del grupo de creadores que han evitado este tipo de seducción. Creo que es necesario saber eludir, y aún más, renunciar, a todo aquello que se parezca a confabulación, intriga, falsedad acomodaticia, a fin de preservar de algún modo el núcleo creador, que no admite la búsqueda de otras ventajas. Y esto me lleva a otra sospecha. Me parece que hay dos retrocesos que se le plantean al creador como exigencias para seguir siéndolo. Uno de ellos debe darse ante el éxito, sus engaños, sus tentaciones. Y el otro, dentro de su propia obra, cada tanto, no para volverse más imperfecto sino para recuperar sus fuentes.

Bien podría ocurrir que una de esas personas que se acercan a usted para hablar de su búsqueda fuese alguien que quiere convertirse en poeta. ¿Qué le diría?

Tal vez no me atrevería a decirle nada. O quizá: que trate de alcanzar a no poder distinguir entre la poesía y el hombre. Que no se trata de encontrar una receta para el miedo, sino de transformar el propio miedo en la dolorosa alegría de crear.
Poesía y Sociedad

Habitualmente se sobreentiende que el artista crea para un publico determinado, que en último término decide el éxito y el fracaso de su obra. En el caso de la poesía ¿para quién se escribe?

No creo que se escriba para tal o cual lector, sino básicamente para uno mismo, para ser uno mismo, bajo la presión de una necesidad y contra una resistencia que, en el caso del poeta, es particularmente fuerte. Dijimos que la poesía equivale, para el poeta, a alguna forma de salvación. ¿La salvación de quién? En primer lugar, la de sí mismo. Pero si vinculamos esta idea con otras que mencionábamos a propósito de la expresión y la comunicación, vemos que esa salvación equivale a la salvación del hombre: en sí mismo y en los demás. Y agregaría algo: creo que esa capacidad de salvación es la que mide el valor de una obra, y no los parámetros usuales, tales como la popularidad o el éxito. El reconocimiento público de cualquier poeta profundo, me parece, tiene mucho de malentendido, en aquel sentido del término que analizó magistralmente Camus. Y ello ocurre porque habitualmente se recoge una parte u otra de su obra, pero nunca toda su obra. Es un reconocimiento tangencial y se parece al malentendido.

Y a veces ese reconocimiento es un tanto fantasmal porque al poeta ni siquiera se lo ha leído. Entre la poesía el lector suele haber demasiados intermediarios.

Que no son solamente los intermediarios del libro: editores, libreros, distribuidores. Hay otros, tales como el que hace reseñas bibliográficas o esas aparentes críticas en diarios y revistas, de las que ya hemos hablado. ¿Qué pasa con ellos? Salvo raras excepciones, todos son comerciantes. Y la poesía es el anticomercio

¿Por eso "no se vende" el libro de poemas?

La poesía, ineludiblemente, pone en crisis. Y nadie compra crisis. La crisis no tiene valor de mercado. Además, nadie compra frustraciones. Y en el fondo de todo hombre, me parece, hay un poeta frustrado. Consciente o inconscientemente, siente que eso está en la poesía que no compra. Claro que tampoco basta con comprar ese libro de poemas: es necesario leerlo, y ya sabemos que eso requiere una capacidad de entrega y recreación no muy habitual entre lo que frecuentemente se denomina "público lector". Recuerdo un artículo de Pedro Salinas, Defensa de la Lectura, donde hace una distinción entre lo que llama lector y lo que llama leedor. Y aclara que no basta ni siquiera con ser lector, sino que hay que ser actor. Ahí me parece que está la clave.

¿Tiene la poesía un futuro?

Yo preguntaría: ¿es suplantable la muerte, el hombre, el misterio, el infinito? ¿Es suplantable la palabra en relación con todo eso? Si las respuestas son no, la poesía sí tiene un futuro. El futuro de la poesía es como su pasado: para ella no existe el tiempo. La poesía es.
Extraído de
www.poeticas.com
Eduardo Dalter

Seguramente haya otro lugar
más allá de este pozo
y de este horizonte seco
y quebradizo. Un lugar
para sentirse más palpable
y que hay que edificar aquí.


Hojas de sábila, 1987-1992

marzo 17, 2006

Ileana Soulier Salvatierra
HASTA


El amor rebota en nuestras recias banderas y se va.
Sin tierno retorno, solo ausente.
Desangra la soledad.

Hasta que el ser latente
se despoja de humanidades.
Luego es eco.
Espejo de palabras
que lo dicen todo.
Es tornasolado, sonríe.
Se abre en el cuarto
y lo convierte en cielo.
Esa paz imprescindible.

Hasta que el amor rebota...

Olga Orozco
Cantos a Berenice
VII


Aún conservas intacta, memoriosa,
La marca de un antiguo sacramento bajo tu paladar:
tu sello de elegida, tu plenilunio oscuro,
la negra sal del negro escarabajo con el que bautizaron
[tu linaje sagrado
y que llevas, sin duda, de peregrinación en peregrinación.
¿Para quién la consigna?
¿Qué te dejaste aquí? ¿qué posesiones?
¿O qué error milenario volviste a corregir?
Ahora llegas caminando hacia atrás como aquellos que vieron.
Llegas retrocediendo hacia las puertas que se alejan con alas vagabundas.
Tal vez te asuste la invisible mano con que intentan asirte
o te espante este calco vacío de otra mano que creíste encontrar.
Vuelcas el plato y permaneces muda como aquellos que vuelven,
como aquellos que saben que la vida es ausencia amordazada,
y el silencio,
una boca cosida que simula el olvido.

marzo 15, 2006


Olga Orozco
Entre perro y lobo.

Me clausuran en mí.
Me dividen en dos.
Me engendran cada día en la paciencia
y en un negro organismo que ruge como el mar.
Me recortan después con las tijeras de la pesadilla
y caigo en este mundo con media sangre vuelta a cada
lado:
una cara labrada desde el fondo por los colmillos de la
furia a solas,
y otra que se disuelve entre la niebla de las grandes
manadas.
No consigo saber quién es el amo aquí.
Cambio bajo mi piel de perro a lobo.
Yo decreto la peste y atravieso con mis flancos en llamas
las planicies del porvenir y del pasado;
yo me tiendo a roer los huesecitos de tantos sueños
muertos entre celestes pastizales.
Mi reino está en mi sombra y va conmigo dondequiera que vaya,
o se desploma en ruinas con las puertas abiertas a la invasión del enemigo.
Cada noche desgarro a dentelladas todo lazo ceñido al
corazón,
y cada amanecer me encuentra con mi jaula de obediencia en el lomo.
Si devoro a mi dios uso su rostro debajo de mi máscara,
y sin embargo sólo bebo en el abrevadero de los hombres
un aterciopelado veneno de piedad que raspa
en las entrañas.
He labrado el torneo en las dos tramas de la tapicería:
he ganado mi cetro de bestia en la intemperie,
y he otorgado también jirones de mansedumbre por trofeo.
Pero ¿quién vence en mí?
¿Quién defiende de mi bastión solitario en el desierto, la
sábana del sueño?
¿Y quién roe mis labios, despacito y a oscuras, desde mis propios dientes?
Ileana Soulier Salvatierra
Nado...

Nado este río otra vez.
Me interno en la selva
busco mi animal
Lo encuentro, lo observo
y no entiendo cómo aún
no escapó a un lugar mejor
después de tanta forma que se le vino encima
Cuántas veces tuvo que esconderse en el ropero
Suerte que lo encuentro
Suerte para mí

Estaría perdida sin él en mi laberinto
Y si él no surgiera al final de cada fiebre
yo moriría en el dolor.

marzo 08, 2006



Círculo de cuatro lados.
Gabriela Piccini



“Nunca ha sido tan tarde a las seis menos
cuarto como hoy”
Roque Dalton


A Rufus


- I –
Es tarde para desenredar la madeja de las cosas.
El tiempo miente.
Se disfraza de más tiempo
y miente.
Se cambia la máscara
y como un aparecido detiene la comparsa
y miente.

- II –
El carro se detiene,
se hace trizas.
Miro hacia atrás por sobre mi hombro
y veo las manos
y la huella.

- III –
Recibo en un leve mapa mi propia mitología.
Lo giro.
Intento comprender el mito y su reverso
pero siempre es igual cuando ya es tarde:
la historia se queda sin esquinas
y ya no hay donde esperar.
Entonces entiendo que es redonda como una trampa
y creo que la mitología es una forma del consuelo.

- IV –
Por descubrir tengo una pena.
Alguien se acerca y me pide una prueba de noamor
(¿del amor que vale?)
Yo soy una mujer.
Yo no sé que darle.



marzo 07, 2006

Nicanor Parra
El hombre imaginario


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginariaq
ue le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario
Jorge Teillier
Otoño secreto
Cuando las amadas palabras cotidianas
pierden su sentido
y no se puede nombrar ni el pan,
ni el agua, ni la ventana,
y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve,
y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo,
y ha sido falso todo diálogo que no sea
con nuestra desolada imagen,
aún se miran las destrozadas estampas
en el libro del hermano menor,
es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa,
y ver que en el viejo armario conservan su alegría
el licor de guindas que preparó la abuela
y las manzanas puestas a guardar.
Cuando la forma de los árboles
ya no es sino el leve recuerdo de su forma,
una mentira inventada por la turbiamemoria del otoño,
y los días tienen la confusión
del desván a donde nadie sube
y la cruel blancura de la eternidad
hace que la luz huya de sí misma,
algo nos recuerda la verdad
que amamos antes de conocer:
las ramas se quiebran levemente,
el palomar se llena de aleteos,
el granero sueña otra vez con el sol,
encendemos para la fiesta
los pálidos candelabros del salón polvoriento
y el silencio nos revela el secreto
que no queríamos escuchar.
Vicente huidobro
Chile
Arte poética
Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,Como recuerdo, en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero
Reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema ;
Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.
El Poeta es un pequeño Dios.
NOTAS SOBRE POESÍA
(LA EXPERIENCIA POÉTICA.)
Desde México, Jorge Solís Arenazas.
Se habla en torno a la experiencia poética. Este decir abre una suerte anfibológica. Experiencia poética, experiencia de la poesía, experiencia de lo poético... El objeto es menos la nitidez de sus propios gestos que el anuncio de un horizonte posible, donde la más diversa gestualidad pueda ingresar a cumplir un papel. ¿Se trata de un descubrimiento? Más bien de una de lectura. Partiendo de la idea de que el hecho no es esencial per se, puede ya comprenderse que el sujeto, frente a la experiencia, cumple una función de lectura, de construcción. O, para decirlo desde la fenomenología, de constitución de un objeto.
Así, la experiencia poética puede tener como un origen absoluto la sospecha sobre su propia condición. Según Nietzsche, no existe el hecho en sí "y parece absurdo pretenderlo". Entonces, lo que existe es el enfrentarse poéticamente a la experiencia o el tomar la experiencia a partir de una lectura que dé cuenta sobre un horizonte poético. Por ello toda poesía parte de múltiples constituciones y desrealizaciones.
Dice Paz que no debe contarse la experiencia poética, sino reproducirse en el poema. Esto debe interpretarse así: debe haber una lectura tangencial que atraviese el poema, la escritura debe ser desciframiento, mirada, y situar todo en el plano interrogativo y definitorio de lo poético. Esto es cardinal. Yo puedo "escuchar" un silencio como ruptura, ausencia, inmensidad, por ejemplo, y sentirme atravesado fatalmente por él, de tal suerte que no es otra cosa lo que me sostiene, lo que me hace cobrar conciencia, aun sea por escasos minutos, de que existo; él, ahora, es mi condición de posibilidad, cualquier gesto, cualquier palabra, cualquier silencio otro, se medirá desde él, que es una condensación de instantes... Puede también aburrirme, y entonces encenderé el televisor, pondré un disco o silbaré el himno nacional para quebrantarlo. Todo se sitúa merced al ojo, al hambre o a la capacidad de éste. Lo que pesa es el enfrentamiento de la circunstancia. La experiencia es la lectura en torno a ella.
Esto afecta a la escritura poética. Según Barthes, la escritura "es una función: es la relación entre la creación y la sociedad, el lenguaje literario transformado por su destino social, la forma captada en su intención humana y unida así a las grandes crisis de la Historia". A partir de la pregunta en torno a la posibilidad de una experiencia poética, se deriva el cuestionamiento sobre la creación (en su relación con la sociedad, se entiende). Al respecto debe decirse que la creación (escritura poética) no puede darse sin procesos de formalización. Y ésta, en parte por lo menos, cumple un sino lector, por lo que puede destacarse que la función de la escritura es un puente entre dos planos de lectura distintos1 entre sí, pero ligados inexorablemente, que generan el espacio necesario para el estallamiento de otros tantos planos de recepción. De ahí que la literatura pueda ser distinguida, sobre todo, como trabajo sobre significantes.
Entonces la lectura "original", por llamarle de alguna forma ciertamente ambigua, es una elección que no salva sus distancias y, regularmente, sus aislamientos. El lenguaje no puede agotarla, pero al participar de ella, la multiplica; no sólo la posibilita, sino también abre sus bordes, destaca sus fibras más sensibles y al exponerlas a menudo atestigua una demolición de sí misma. Por ello, el lenguaje, como primera condición de toda escritura, es al mimo tiempo la base de su cuestionamiento, el papel de la conciencia sobre su imposibilidad y no pocas veces su fractura, su negación o su neutralización. El sino que cumple, el que intenta cumplir, eligiéndolo o negándolo, es siempre pesado y constitutivamente extraño. Puede aspirar a la claridad, moverse en cualquier dirección, pero nunca lograrla. Fatalidad, pues, ineluctable: su aliento recuerda a la Puerta: 11 rue Larrey, de Marcel Duchamp, que no puede estar, jamás, ni completamente abierta ni completamente cerrada, a la cual su ser mismo le es imposible; ante ella misma su función, su estructura, su fundamento le son ajenos.
Esta aporía fundante oscurece, de igual forma, toda visión sobre la experiencia poética. ¿Qué papel cumple el lenguaje en ella? O posiblemente la pregunta sea así ¿el lenguaje cumple un papel en la experiencia poética, es su fundamento, su producto, su horizonte de posibilidad de ser, su obliteración o su renuncia?, ¿o el lenguaje es la experiencia poética?, ¿o la experiencia poética nace precisamente ahí donde el lenguaje se admite inocuo y abre la puerta para liberarnos de él, con el fin de trascenderlo? En todo caso nunca cumple un perfil meramente vehicular. Decir que el alba sube no tiene nada que ver con decir que la mañana asciende.
Hay, entonces, la mirada sobre una experiencia que cristaliza en función relacional, generando a su vez, por una parte, otra experiencia, con su correlato lector y, por la otra, un plano de recepción que se implica tanto en la función como en la posibilidad de otras lecturas, remitentes siempre de la primera, más derivadas que dependientes. Pero de fortma similar existe una imposibilidad doble, multívoca, en esto. Un texto viene a ser, por lo anterior, el lugar de varios encuentros que no anulan sus aislamientos naturales, de la misma forma que el juicio de cierta experiencia en tanto que "experiencia poética" nunca puede tomarse como reconocimiento de esencias, sino como constitución de objetos desde un plano triple, a saber: funcional, estructural (o estratificado, según Roman Ingarden) y, por último, vital.
Es necesario aclarar un poco esto último. El texto (como cierta cristalización de la escritura poética) es siempre, si hay una aproximación verdadera sobre él, una pregunta, una súplica, una celebración, en suma, un quebrantamiento. El ojo pierde forma cuando escucha. Una forma de ser, "del ser ahí" diría Heidegger, es cuestionarse sobre sí. Pero al hacerlo, en su actuar, está relacionándose consigo de otra forma y por lo tanto, comportando otra forma de ser ahí. Esto, en la recepción de un texto, es fundamental para el cumplimiento de la función, velada o no, de la literatura. Hay un lance sobre la página. Apetito... Leer es tener no sólo una experiencia, sino reintegrar todas las experiencias posibles en otro plano, con otro perfil. Es un cuestionamiento desde el presente pero no sólo hacia él mismo. Cumple operaciones retroactivas e igualmente futuras. Un texto debe también ser entendido desde el aspecto de las experiencias que posibilita, de las lecturas que genera no sólo sobre su cuerpo, sino sobre toda otra experiencia que lo trascienda, que esté antes o después de él, y sin conexión aparente, desplazamiento desde ese centro hacia otras superficies, que no necesariamente adquieren el ángulo periférico.
Se objetará que esto no es el entendimiento de un texto. Pero pensar que un ancla puede detener todos los barcos es encerrarse en una linealidad que traiciona el propio ser del objeto que trata de enaltecerse. En este caso, negar la polisemia no sólo en el orden interno del texto (sus significados múltiples) sino también en el orden exterior a él, es no reconocerlo a plenitud, ni con ella. La única forma para relacionarse poderosamente con una escritura es reconocer la ambigüedad de sus límites, o su no delimitación, que explaya sus entropías. Un soneto, cuando contiene poesía, no mide catorce versos. Y un verso endecasílabo, en un poema, no es un enunciado construido según leyes métricas que le imponen como cuerpo once sílabas. O para decirlo de otra forma, no hay cantidad posible, sólo multiplicación de cantidades que en cierta forma se niegan. O, para preguntarlo junto a nuestro más grande poeta, ¿se trata de la cantidad hechizada?
1 Que no son unívocos, sino diferenciales respecto de sí mismos, a partir de multiplicación de niveles.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?